La reflexión sobre Son Bonet en elsaltodiario.com muestra con claridad el mismo dilema que hoy vive Fresno de la Carballeda: avanzar en la transición energética, sí, pero “no a costa del territorio”. La plataforma ciudadana Fresno Vivo nace precisamente para evitar que nuestro monte comunal se convierta en el próximo ejemplo de cómo “el mapa energético avanza más rápido que el mapa ecológico”.

No repetir el pelotazo verde

El artículo advierte de un riesgo muy claro: “repetir los errores del urbanismo expansivo, pero envueltos en un discurso verde”, convirtiendo la transición en “un pelotazo verde” donde el territorio vuelve a ser “lo barato donde todo cabe”. Eso es exactamente lo que sucede cuando se proyectan macroplantas fotovoltaicas sobre montes vivos y comunales como el de Fresno, en vez de priorizar suelos ya degradados o cubiertas industriales.

En Son Bonet, un espacio verde construido durante décadas por el uso ciudadano se quiere sacrificar para una planta “de autoconsumo” que produciría “cientos de veces más energía de la que necesita el aeródromo, vertiendo casi toda su generación a la red”. En Fresno, también se pretende aprovechar terrenos con alto valor ecológico y social bajo el argumento de la urgencia climática, sin un debate real sobre alternativas.

Suelo vivo y memoria frente a macroplantas

El texto recuerda que lo que algunos llaman “descampado” es en realidad “infraestructura climática esencial”: suelo vivo que infiltra agua, vegetación que mitiga el calor y captura CO₂, reservorio de biodiversidad y espacio de bienestar comunitario. Nuestro monte de Fresno cumple funciones similares para la fauna, la flora y la comunidad rural, y no puede tratarse como un simple solar disponible para grandes empresas.

Además, Son Bonet “es un aeródromo nacido de expropiaciones forzosas” y el artículo se pregunta qué dice de nuestra cultura política que ese espacio vuelva a considerarse “disponible” sin una conversación social honesta. En Fresno conocemos bien esa historia de expropiaciones, embalses y cotos; por eso Fresno Vivo exige memoria, participación y justicia territorial antes de aceptar otro proyecto impuesto desde fuera.

Una transición justa para Fresno

La autora plantea tres principios básicos: “priorizar suelos ya degradados”, “proteger los espacios verdes” y “evaluar todos los impactos reales, no solo el CO₂ evitado”. Aplicar estos criterios a Fresno implica descartar una macroplanta en el monte y apostar por renovables distribuidas, en tejados, polígonos y zonas ya antropizadas, donde el beneficio quede en manos de la comunidad local.

Porque, como concluye el artículo, “cada hectárea fértil perdida reduce nuestra capacidad de alimentarnos, adaptarnos y ser resilientes, y España no puede permitirse debilitar sus suelos vivos en plena crisis climática y geopolítica”. Fresno Vivo se suma a esta visión: “acelerar sí, pero no a cualquier precio”; transformar sí, pero sin destruir el territorio, la historia y la convivencia que mantienen vivo a Fresno de la Carballeda.

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